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Sí, las rebajas han comenzado, la gente se lanza a adquirir ropa barata, y yo ente ellos. Esto no es muy usual. Normalmente me digo, tengo que ir a comprar algo, y simplemente nunca voy.
Este año ya me pasé por varios comercios consciente de que tengo que comprar ropa tanto para el diario como para futuros viajes (Toscana, allá vamos).
Pero debo confesar, no me gusta ir de compras. Para ser más exacto tengo que decir que no me gusta comprar ropa, ya que cuando se trata de discos, libros, y otros materiales de entretenimiento, conocimiento y cultura, nunca quisiera parar.
Sin embargo, el comercio de moda... me agobia, me irrita, me aburre y me deprime, y más con esa música chunta chunta que no sé de donde sacan, que les debe parecer a los comerciantes muy guay y que está en la onda, pero que tienen que irritar a cualquier fan de la música. Normalmente hace calor, están a tope, hay gente tan fashion que me incomoda (y me producen risa), los probadores en muchos sitios son incómodos... y claro, todo hay que probarlo, porque lo de las tallas es una historia muy rara, y la ropa está destinada hacia un grupo social en concreto.
Precisamente el componente social de la moda me pone enfermo. Vestimos como somos, somos lo que vestimos... yo que sé! Hay una cosa segura, nos dicen como tenemos que vestir, y luego cada uno que se plantea su existencia con lo que compra. Algunos sobreviviremos al paso de los años. Y si no que se lo digan a Jaimita, la madre de Zipi y Zape, que nunca se ha quitado sus bailarinas, y bien que están ahora de moda.
Yo paso de ponerme esos pantalones en los que se te ve la rajilla del pompis, aunque en muchas ocasiones sea casi imposible. También paso de todo el rollo aspectual que lo acompaña. Peinarse, colonia cheirenta, desodorante axe, o todas esas paridas.
No sé, paso de todo, eso es de gente guay, y yo soy más guay que ellos.
Muchos acontecimientos pasan últimamente, y aquí los comento, ¿qué quedará ahora de aquel "nos veremos después del concierto de bruce"?
Es que la vida es así y siempre nos tiene preparada alguna sorpresilla. Desde mi último artículo he de hacer referencia a dos cosas.
La primera, es que acabo de celebrar mi 25 cumpleaños. Dios! Un cuarto de siglo. Son bastantes, y no puedo dejar de sentirme agobiado al observar que en mi vida no se producen cambios significativos hacia mi conolidación como persona. Quizás siempre seré como un niño, tanto con 25 como con 100, si es que llego.
La segunda cosa se refiere a la oposición. He acabado con ella, lo que no quiere decir que me la cargase, aunque no será por falta de ganas. Pero fue un proceso insufrible, duro, pesado.... UNA MIERDA!. Este año fue un gran peso, aunque después de ver la nota no puedo evitar pensar que para el año toca de nuevo. Sí, una nota decente, pero que no sirve para tener plaza. 7.8649 . Esperemos quizás que toque algún trabajillo por ahí con lo rapaces.
Ya ven, damas y caballeros, que dos cosas tan significativas me han ocurrido estos días. Por un lado, me hago viejo, por otro, descubro que no voy a tener plaza. Acepto ambas cosas, y tomo aire, ya que ahora no tengo que estudiar la oposición, por lo que soy un hombre libre.

Sigo con el libro de las hormigas. Ahora no puedo evitar mirar al suelo y… ¡hormigas! Es increíble, una frase del libro se refería precisamente a esa idea, pasamos por delante de ellas y ni siquiera reparamos en las mismas.
Es curioso, están en todas partes, a riesgo de parecer chachi, o bien ignorante a ojos de un biólogo, supongo que deben ser el insecto más numeroso, más incluso que los coleópteros (después lo miro en internet).
Y si digo la verdad, me apetece detenerme, mirarlas, compararlas… Me gustaría llevar una lupa encima para verlas más de cerca, y presenciar una guerra entre nidos de hormigas…
Es un mundo magnífico. En un principio me interesaba más el componente de organización social que el biológico, pero ahora… tengo interés por apreciar las características de las mismas, y no quedarme sólo en la forma en la que actúan. Ahora descubro que son lo mismo, la organización social, algo más típico del ámbito social aunque venga del mundo animal, y las características biológicas, son lo mismo. Una cosa no existe sin la otra. El conocimiento es maravilloso, y todo está relacionado con todo.
Bueno es un tema que me mola, está claro.
Y lo mejor es cuando estas cosas que vas descubriendo te hacen pensar en otras que en principio no tienen nada que ver.
Justo ahora, me paré a mirar a una hormiga que corría por la acera. Pensé: esa hormiga tiene una función social muy marcada. ¿Qué pasa si la piso? ¿De qué modo alteran los entomólogos la naturaleza de una colonia al coger algunos de estos queridos bichos? Entonces me vino un libro a la memoria, o dos, ya no recuerdo, en todo caso una saga. El juego de Ender y su continuación, de Orson Scott Card. En el mismo (los que lo quieran leer omitan este párrafo) la raza humana lucha contra una sociedad de insectívoros espaciales (no es coña, ni el libro es de cachondeo, es más, es impresionante y reconocido por la crítica). Una idea que ronda en el libro es la de una muerte humana comparada con la muerte de una abeja de la colonia. Para la sociedad humana una muerte de uno de sus individuos (o debería ser así) supone una reacción en el resto de la comunidad. En función de eso, podríamos hablar de las guerras provocadas por cosas de este tipo. En la sociedad de los insectívoros, nunca sucedería esto. Al morir un individuo, la comunidad busca a alguien para ese puesto y lo reemplaza, busca el equilibrio y el bien de la comunidad. A ojos de esta sociedad, un individuo no es nada. Bueno, a no ser que se trate de la reina claro o cosas más complicadas en las que no voy a entrar.
No sé si planteo la idea claramente, espero que sí.
Espero que nadie me tome por un loco con este comentario. Creo que más que nada muestra mi energía ante nuevas cosas. Ojalá el tiempo en el mundo fuese infinito para llegar a conocerlo todo.
Este fin de semana será clave en mi vida pues me enfrento a otro concierto de Bruce, nunca se sabe que puede pasar. Tengo la intención de relatar diariamente (Viernes, Sábado y Domingo) mis experiencias de viaje a Barcelona, y todas las curiosidades que me puedan pasar, y seguro que pasarán.
Decidimos salir el Viernes, aunque el concierto es el Domingo. La idea es hacer noche lo más cerca de Barcelona posible, y Tudela parece una buena opción. Así el Sábado nos queda un viaje cómodo y podremos visitar algo de la Ciudad Condal.
De momento, y como ya escribí hoy un comentario no voy a liarme mucho, pongo un resumen a continuación:
Viernes
Ir a trabajar a eso de las 9.00 hasta la 13.00. Antía tiene la parte b2 de la oposición, pero es la primera de la lista así que estará pronto fuera. A la 13.00 me viene a buscar, me subo al coche con ella y comienza el viaje.
Santiago de Compostela > Tudela
Hacemos noche en Tudela. Tenemos pensado comer un bocadillo en el viaje, parando probablemente en una de las áreas de servicio tan agradables que se encuentran en la autopista.
Sábado
Tudela > Barcelona
Toca ir a Barcelona, nos levantaremos pronto para llegar cuanto antes. En el camino sólo cabe mencionar que tenemos pensado al llegar a Lleida no coger la autopista, pues es cara (casi 20 euros), y la alternativa sólo es en principio 15 minutos más lenta.
Después tenemos pensado estar todo el día en Barcelona, visitando lugares, comiendo y cenando en la ciudad, y organizando un poco el día después, el transporte público, la cola del concierto, esas cosas.
Domingo
Este día vamos a estar en la cola todo el tiempo, espero que por lo menos desde la 8 de la mañana. Si todo va bien entraremos en la zona de delante, eso espero. Comeremos algún bocata y listo. No hay excursión ninguna, sólo cola. Y después a disfrutar del concierto.
Lunes
El Lunes intentaremos salir muy pronto para hacer el viaje sin prisas. Estaremos cansados, así que el tiempo nos hará falta. Precaución amigo conductor.
Todo sería más fácil si el avión no fuese tan caro.
Un saludo y a Brucear (bonito juego de palabras).

Antes de inciar una serie de capítulos dedicados al fin de semana en el que asistí a ver a Bruce, tengo que pedir disculpas ya que fallos ajenos a muá me han impedido escribir las crónicas cada día, que era lo que yo deseaba y que comenté en el anterior artículo. Así que ahora intentaré explicar los aconteciminetos que le acontecieron a dos ilustres caballeros andantes como somos Antía y Alfonso.
Así que ahora sí, empiezo.
Era la una o quizás algo antes cuando recibí la llamada perdida de Antía, esa llamada que indicaba que era la hora de emprender el camino a Barcelona, donde el domingo asistiríamos al concierto de Bruce. Así que me despedí de mis compañeros de trabajo y fuimos a hasta casa, ya que no llevé mis maletas al curro, más que nada , por comodidad.
Recordaré que el primer día no teníamos intención de llegar a Barcelona, ya que al trabajar de mañana, sería muy duro hacer todo el trayecto de una tirada. Así que fuimos hasta Tudela, en Navarra. Me gustaría contar alguna cosa sobre Tudela, alguna anécdota sobre el pueblo o ciudad. La verdad, es que con el cansancio acumulado no teníamos ganas de irnos por ahí. Así que nos quedamos en el hotel...
El viaje fue bastante bien. Antía llevaba buen ritmo de conducción. Sin embargo, ocurrió el primer incidente antes de salir de Galicia. Seguíamos dirección A Coruña para coger la autovía dirección Madrid. Sin embargo, por algún motivo, llegamos al peaje por Cambre (creo) y nos dimos cuenta de que nos habíamos pasado el desvío para Madrid sin darnos cuenta... bueno, en fin... al parecer, y como confesó más tarde la rapaza, Antía sí recordaba ver un cartel que ponía Madrid, pero pasó de todo. Así que tuvimos que dar vuelta.
Ese sitio en el que nos encontramos de repente era un poco lioso y sin indicaciones aparentes, y tardamos un cacho en dar la vuelta para volver a coger la autopista en sentido contrario. En uno de esos intentos, llegamos a una pista sin salida, en el quie pudimos apreciar la velocidad que puede alcanzar un pollo. Esos movimientos nos hicieron reír y superamos el primer incidente quizás motivados por la cadencia de paso del pollo en cuestión.
Una vez volvimos a la autopista ya no tuvimos problemas. Cogimos el desvío a Madrid y todo transcurrió normal.
No paramos a comer hasta que salimos de Galicia. Comimos los bocatas que trajo Antía, dos de tortilla y dos de lomo, todos buenísimos. No paramos en un área de descanso, comimos en el parking de Vega de Valcarce (ctreo que era algo así no?) y despué sentramos a tomar una consumición y utilizar sus servicios para evacuar. Después otra vez a la carretera.
Hasta entonces tuvimos que soportar el calor agobiante, ya que el aire acondicionado no entraba bien. Curiosamente, después de esa parada, empezó a ir mejor por suerte para nosotros.
No creo que tengamos más novedades. Quizás alguna en cuanto a las chilindradas que llevábamos. Por ejemplo, los filipinos derretidos, y despues duros como piedras una vez que se enfriaron.
Bueno, sí. Lo cierto es que llevé el coche de Antía un rato. Algo me gruñó en alguna ocasión, pero esos gruños forman parte de nuestra relación, ella me riñe, yo me pongo borde, y después todo vuelve a la normalidad. buen coche para conducir, había que ir frenando, para no pisarle demasiado.
Pasamos por varias comunidades que no habíamos pisado: País Vasco, Logroño y Navarra. Debo decir, que me quedo con el paisaje de la tierriña galega.
Llegamos a tudela y a nuestro hotel fácilmente, gracias a las buenas señalizaciones y la ayuda del GPS y la amiga Manola (la que nos habla en el GPS). Como no podíamos parar en la calle en la que nos encontrábamos y en la del hotel era dirección prohibida dimos la vuelta a la manzana, o eso pensamos. La vuelta parace que había sido algo más grande pues fuimos a la quinta leche, y sin saberlo aparcamos el coche en la quinta leche para desembarcar con todo el equipaje.
La habitación estaba bastante bien, aunque la tele algo cutre. De todas formas nos brindó descanso, todo hay que decirlo. Al final metimos el coche en el parking y ya no salimos. Cenamos los dos bocatas que nos quedaban y listo. Ese día intenté escribir toda la crónica, pero no me cargaba la página.
Así concluye este capítulo. En sucesivos días más.
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