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Ya pasó mucho tiempo desde que escribí el primer capítulo. Ahora mis recuerdos están borrosos. Tengo que aclarar que no ha sido vagancia lo que me ha impedido escribir. La causa ha sido ese periodo vacacional disfrutada por tierras italianas, y que tendrán aquí lugar próximamente, por lo que no me voy a enrollar mucho más con estos artículos.
Así pues, día 2.
No teníamos el desayuno en el hotel de Tudela, pero en la cafetería nos tomamos un cola cao y algo de bollería que nos sentó de maravilla.
Emprendimos la marcha para llegar pronto a Barcelona. El paisaje que pudimos ver en el camino no recordaba, con excepciones, a nuestra tierriña. Por encima de todo parecía que nos encontrábamos en el desierto.
Por fin llegamos a Barcelona, donde Manola nos llevó perfectamente al hotel. Una vez que entramos en la habitación pudimos confirmar que se trataba de un muy buen hotel y por cierto, con una cama gigantesca donde no importaba la orientación a la hora de dormir.
Pero estábamos hambrientos así que fuimos a coger, después de informarnos como es debido, el tranvía que nos llevara al Camp Nou, ya que también el Sábado había concierto y queríamos ver el ambiente y manejar las jugadas del día siguiente. No sin dificultad, subimos al tranvía. Me gustaría y creo comprender el encanto de tal medio de transporte, pero desde un punto de vista de práctico, el metro está muy por encima.
Bueno, había cola ya para entrar en el concierto, la gente numerada.. bien bien, pensamos. Mañana tocará venir pronto. Mucha gente también acudía a ver las instalaciones del barça y todo esa historia, que bueno, no nos interesaba.
Como era ya muy tarde, creo recordar que pasaban de las cuatro, decidimos comer en las instalaciones del estadio en el único sitio disponible, en pans & company. Nunca más volveremos, probablemente, por dos bocadillos discretos, un agua y patatas, pues eso, casi 20 euros.
Decidimos aprovechar lo que quedaba de tarde para ir a visitar la ciudad. Después de cruzarnos con Andresito, esta vez sí, cogimos el metro para ir al centro.
No puedo decir mucho de Barcelona, sólo visitamos las ramblas y parte de la zona que rodea la catedral. Las ramblas son una bonita zona. Hay ambiente diverso y además el mercado de la boquería tiene su aquel con tanta fruta y color. Hacía mucho calor para recorrer la calle entera así que nos movimos un poco por las calles cercanas, llegando a la catedral, muy bonita por cierto. También es interesante lo integrada que está la bicicleta en la ciudad.
El agotamiento era tal que tuvimos que hacer un descanso en uno de los bares que había. Después decidimos volver al estadio y transbordo en tranvía para el hotel. Eso sí, después de cenar como es debido en el burguer king, a lo cutre. (Antía no paraba de comer el pollo que se crrre una patata.
Y por lo menos, teníamos una cama gigante esperando para descansr.

Llegó el día del concierto. Un día muy esperado por ambos, un día que parecía no llegar nunca. Pero llegó.
La jugada que teníamos estudiada era ir sobre las 7 o 7.30, pero creo que no llegamos hasta las 8 o quizás más, ha pasado ya bastante tiempo y no recuerdo bien. Lo importante es que nos brindó los números 416 y 417. Teniendo en cuenta que el concierto era en un estadio grande, no era del todo malo. Lo bueno del número es que te piras y vuelvas para pasar lista, y te vuelves a ir y te vuelves a pirar para pasar lista y así sucesivamente...
Pero nunca se pasó lista. Tampoco había problema porque lo más que nos alejamos del estadio fue a una pendiente con césped que nos brindó algo de descanso. Llegado el momento, la gente algo mosqueada ante que no se pasara lista, y por supuesto, ante que nos empezáramos a juntar sin motivo aparente, decidió seguir agrupándose impidiendo el paso del tráfico. El encargado (supongo yo) fue un listo y nos metió a todos junto a la pared para dejar pasar los coches. Lo malo de esta acción, honrada en un principio, es que provocó que la cola se formase totalmente deformada y desde luego no por el número asignado. Para colocarnos calculo que tardamos sobre dos horas. Al final lo conseguimos, que es lo importante. Repartieron las pulseras y bingo! ya teníamos el primer paso, colocarnos en la zona del escenario.
No tardamos en irnos a comer. Sabíamos que aunque íbamos a ser timados no quedaba otra, no había ningún garito cerca. Así que fuimos al Pans & Company. Comimos, utilizamos los servicios del local y volvimos a la cola, que tan gratamente vigilaban los catalanes de delante. Sin embargo, casi se monta un cristo porque los que había detrás nuestra se habían colado. El mosqueo duró bastante al personal y algunos aceptaron el irse. Dos no marcharon, eso sí, los que deberían estar a continuación nuestra ocuparon su lugar.
Creo que la cola sólo tuvo dos momentos más antes de la entrada. El primero el ver a un tipo de la cola cantando she’s the one con su guitarra. El otro, momentos antes de entrar, al utilizar (no quedaba otra) uno de los baños portatiles que ponen en estos eventos.
La gente ya estaba preparada para entrar, se apretaba, y nosotros también claro. En el primer tramo de control se creo un mogollón para dar la entrada. Había seguratas mirando bolsos, pero Antía se libró con agilidad mental de los mismos. Y empezó la carrerá. Primero hasta la entrada al estadio. Luego bajando unas escaleras empinadas que no llevaban al infierno, llevaban al césped del estadio. Luego corrimos por el campo, llegamos a la zona privilegiada, enseñamos la pulsera, y por último el sprint final que nos colocó más o menos en cuarta fila, muy muy cerca. Había montones de tipos de la organización mandando frenar la velocidad (pensé muchas veces, que frene tu madre capullo y déjame seguir mi camino). Pero tras parar un breve segundo y pasar a los mismos otra vez a sprintar.
Nos sentamos, sólo quedaban horas de espera que se hicieron interminables, más que nada porque teníamos unos pesados detrás, un niño llorón y una mosca cojonera. Quedamos alucinados al ver a un tipa que calculamos de 60 años mínimo, y siendo generosos, que estaba detras nuestra justo. Esa mujer a su edad, se podía haber dejado la vida debido al golpeteo de la multitud, a las empinadas escaleras, o quizás ante un ataque al corazón por la carrera. A sus pies, señora, ojalá lleguemos a su edad así.
No nos movimos del sitio, aunque pudimos saber por lo italianos que teníamos delante que las cañas eran de 7 euros cada una. También disfrutamos con los dos alemanes de delante, graciosos ellos, no paraban de reír. Nunca sabré que decían, pero eran muy divertidos.
El calor crecía por momento y había que empezar a luchar con los empujones. Y el tiempo no pasaba.
Llegó la hora, pero como en Madrid Bruce, el muy cabrón, decidió que no era el momento y se retrasó.
Pero sí, por fin llegó la hora, y entonces pudimos escuchar los primeros sonidos a través de la batería de Max.
El concierto había empezado.

Por fin llegó la hora y pudimos escuchar los primeros sonidos a través de la batería de Max.
El concierto había empezado.
No es fácil explicar lo que sentí en el concierto, aunque los que me conocen pueden hacerse una idea. En todo momento, debo decir, que me sentí cautivado por la energía de Bruce y el despliegue de rock que puso en escena.
No quisiera olvidar tampoco de mencionar los manguerazos y vasos de agua que pasaban y que hacían posible seguir vivo en ese infierno de calor que era el concierto. Todo sudor, sudor y sudor... poco importaba.
Resumiendo, una situación increíble, tanto que estuve a dos dedos de tocarle, aunque realmente no fuera este mi objetivo. Un repertorio muy bueno. Un público increíble. Un escenario, el Camp Nou, impresionante, y aunque no estoy a favor de los estadios para los conciertos, resulta curioso ver que alguien lo ha llenado dos días seguidos. Y por último, la mejor banda de rock de todos los tiempos.
Evidentemente el concierto no fue perfecto, y aunque mi entusiasmo puede hacer que así parezca, hubo fallos. La organización,no ha sido la mejor, desde luego. El repertorio, aunque muy movido y mucho mejor que el de Madrid del Palacio de los deportes, podría ser mejorable. Y el sonido pésimo.
En lo primero no me voy a detener. Tampoco en lo referido al sonido, que resulta inexplicable que, según se comenta, no haya sido decente en ninguno de los dos conciertos. No entiendo la existencia pues de ingenieros de sonidos, se supone que les pagan para algo, y tuvieron tiempo a lo largo de la estancia de Bruce en España para hacer lo posible por mejorarlo.
Bueno, y el repertorio. Vamos a ver, es cierto que no ha sido el mejor repertorio del mundo. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en todos y cada uno de los temas que tocó y el modo en que los llevó a cabo. En el tema del repertorio he oído comentarios sobre lo que se esperaba de este concierto. Creo, sinceramente, que es un error por la gente idealizar su concierto. Evidentemente, todos tenemos la esperanza de que toque nuestros temas favoritos. Pero no debemos confundirnos, somos muchos, demasiados para tocarlos todos. Y no se puede hacer un concierto, y creo que Bruce siempre ha sido coherente en eso, pensando en tocar unos temas para quedar mejor o peor. Sinceramente, creo que toca lo que le apetece, con la licencia de aceptar en esta gira las sugerencias del público a través de los cartones.
Precisamente siguiendo esta idea debo criticar un artículo leído en point blank, donde las críticas fundamentales versaban sobre el repertorio y la diferenciación de "clases" entre los fans. En lo relativo al repertorio, el autor parece ser un niño mimado al que no le han dado el caramelo y por lo tanto arremete contra Bruce. Y a través de esto llega a la diferenciación de clases. Los fans antiguos, guachis, y los nuevos que prefieren los temas más comerciales de Bruce, esos que no hacen llorar de emoción. Y lo peor, creo yo, es estar seguro de encontrarse en un grupo. Creo que se ha creado un misticismo sobre algunos temas de Bruce, que antes no eran míticos de ninguna manera, y que se volvieron indispensables con el tiempo, gracias en gran parte a los nuevos fans. Por lo tanto, esa diferenciación se cae. Lo único que la sostiene es la edad. Pero el otro argumento no vale, y precisamente las pancartas me dan la razón, quizás el autor no se ha detenido a mirar quien las sostenía. En todo caso, yo estallaría de emoción ante cualquier canción que hubiese tocado Bruce, por lo que no se puede justificar, por celebrar que se toque una canción, (que por cierto no es precisamente la que ha dado los ceros en la cuenta, pero bueno, hablar es gratis, y por eso hablo yo también) el que la gente no tiene ni idea o que es de un tipo o de otro. Por lo menos yo, allí, en las primeras filas, las celebraba todas.
Pero paro que uno empieza y no acaba. Ante todo, y aunque en algunas cosas al autor del artículo dice algunas cosas que comparto, todos esperamos ciertas canciones en un concierto que se consideraba especial, debo decir que se equivoca gravemente en lo demás, y por muy bien que ejecute la crítica, literariamente hablando.
Pues eso, después del concierto, compramos tres camisetas por el precio de dos y nos fuimos al hotel, para descansar después de todo un día de ejercicio.
Concluyo así el especial del concierto. Aquí es cierto que dejo un poco apartada mi visión del concierto para hablar sobre el comentario mencionado, pero no tenía otra opción. De todas forma, estoy seguro, de que todas las críticas negativas, están elaboradas escondiendo en realidad una admiración tremenda por todo lo que Bruce ha ofrecido en Barcelona. Desde luego, las peores críticas del concierto, son desde el entorno fanático de Bruce.
Ahora toca esperar. Pero estoy seguro de que Bruce tiene más sorpresas.
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