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Destino Springsteen. Capítulo 1

 

Antes de inciar una serie de capítulos dedicados al fin de semana en el que asistí a ver a Bruce, tengo que pedir disculpas ya que fallos ajenos a muá me han impedido escribir las crónicas cada día, que era lo que yo deseaba y que comenté en el anterior artículo. Así que ahora intentaré explicar los aconteciminetos que le acontecieron a dos ilustres caballeros andantes como somos Antía y Alfonso.

Así que ahora sí, empiezo.

Era la una o quizás algo antes cuando recibí la llamada perdida de Antía, esa llamada que indicaba que era la hora de emprender el camino a Barcelona, donde el domingo asistiríamos al concierto de Bruce. Así que me despedí de mis compañeros de trabajo y fuimos a hasta casa, ya que no llevé mis maletas al curro, más que nada , por comodidad.

Recordaré que el primer día no teníamos intención de llegar a Barcelona, ya que al trabajar de mañana, sería muy duro hacer todo el trayecto de una tirada. Así que fuimos hasta Tudela, en Navarra. Me gustaría contar alguna cosa sobre Tudela, alguna anécdota sobre el pueblo o ciudad. La verdad, es que con el cansancio acumulado no teníamos ganas de irnos por ahí. Así que nos quedamos en el hotel...

El viaje fue bastante bien. Antía llevaba buen ritmo de conducción. Sin embargo, ocurrió el primer incidente antes de salir de Galicia. Seguíamos dirección A Coruña para coger la autovía dirección Madrid. Sin embargo, por algún motivo, llegamos al peaje por Cambre (creo) y nos dimos cuenta de que nos habíamos pasado el desvío para Madrid sin darnos cuenta... bueno, en fin... al parecer, y como confesó más tarde la rapaza, Antía sí recordaba ver un cartel que ponía Madrid, pero pasó de todo. Así que tuvimos que dar vuelta.

Ese sitio en el que nos encontramos de repente era un poco lioso y sin indicaciones aparentes, y tardamos un cacho en dar la vuelta para volver a coger la autopista en sentido contrario.  En uno de esos intentos, llegamos a una pista sin salida, en el quie pudimos apreciar la velocidad que puede alcanzar un pollo. Esos movimientos nos hicieron reír y superamos el primer incidente quizás motivados por la cadencia de paso del pollo en cuestión.

Una vez volvimos a la autopista ya no tuvimos problemas. Cogimos el desvío a Madrid y todo transcurrió normal.

No paramos a comer hasta que salimos de Galicia. Comimos los bocatas que trajo Antía, dos de tortilla y dos de lomo, todos buenísimos. No paramos en un área de descanso, comimos en el parking de Vega de Valcarce (ctreo que era algo así no?) y despué sentramos a tomar una consumición y utilizar sus servicios para evacuar. Después otra vez a la carretera.

Hasta entonces tuvimos que soportar el calor agobiante, ya que el aire acondicionado no entraba bien. Curiosamente, después de esa parada, empezó a ir mejor por suerte para nosotros.

No creo que tengamos más novedades. Quizás alguna en cuanto a las chilindradas que llevábamos. Por ejemplo, los filipinos derretidos, y despues duros como piedras una vez que se enfriaron.

Bueno, sí. Lo cierto es que llevé el coche de Antía un rato. Algo me gruñó en alguna ocasión, pero esos gruños forman parte de nuestra relación, ella me riñe, yo me pongo borde, y después todo vuelve a la normalidad. buen coche para conducir, había que ir frenando, para no pisarle demasiado.

Pasamos por varias comunidades que no habíamos pisado: País Vasco, Logroño y Navarra. Debo decir, que me quedo con el paisaje de la tierriña galega.

Llegamos a tudela y a nuestro hotel  fácilmente, gracias a las buenas señalizaciones y la ayuda del GPS y la amiga Manola (la que nos habla en el GPS). Como no podíamos parar en la calle en la que nos encontrábamos y en la del hotel era dirección prohibida dimos la vuelta a la manzana, o eso pensamos. La vuelta parace que había sido algo más grande pues fuimos a la quinta leche, y sin saberlo aparcamos el coche en la quinta leche para desembarcar con todo el equipaje.

La habitación estaba bastante bien, aunque la tele algo cutre. De todas formas nos brindó descanso, todo hay que decirlo. Al final metimos el coche en el parking y ya no salimos. Cenamos los dos bocatas que nos quedaban y listo. Ese día intenté escribir toda la crónica, pero no me cargaba la página.

Así concluye este capítulo. En sucesivos días más.

 

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