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Noble juego y tiempos nostálgicos

Noble juego y tiempos nostálgicos

Hace tiempo que no escribo, y es que el artículo que tenía preparado requiere de cosas que no tengo a mi disposición. De momento, será mejor entretenerse con el noble juego y algún recuerdo nostálgico.

Recuerdo que cuando era un niño, y muy bien sin saber cómo lo hice, gané mi primer torneo de ajedrez. Aún conservo aquella copa que medía poco menos que yo y, siendo realistas, aún conservo todas las demás. No sé tampoco porque el ajedrez me gustó tanto, a mí, un niño que dedicaba sus horas de juego casi exclusivamente a los playmobil. Todavía hoy la gente escucha ajedrez y aun cuando no lo conoce le resulta extraño y complejo. Para mí siempre resultó ser divertido y apasionante. No obstante, no había empezado a conocerlo y ya lo había dejado abandonado. Pasaba el tiempo, y el ajedrez dejó de ser una pasión en mi vida, a la que aportaba algo más que trofeos en el ámbito local, para pasar a ser un entretenimiento los sábados por la tarde. Y por supuesto, lo lamento. Pero no fue sólo la dejadez la que permitió que olvidase esa gran afición, también influyó una vida estudiantil caótica por mucho tiempo, que me persiguió y que no me abandonó hasta que realmente aprendí las reglas del juego que es nuestro sistema educativo. 

Al principio recuerdo estar a la altura (más o menos) de enfrentamientos con los mejores jugadores gallegos de mi edad, y percibí como todos ellos, muchos jugadores peores que yo, y las futuras generaciones pasaban por encima de mí como si nada. Como su nivel avanzaba, y sobre todo sus conocimientos y entrenamiento. Yo, en cambio, me ahogué hasta decir "alto" y de pronto todo eso dejó de importarme, incluso cuando muchas personas me pusieron todo en bandeja. 

Fueron tiempos muy bonitos, y conservo algunos trofeos, medallas, y otras cosillas que son la prueba de parte de mi pasado. Pero muchas veces pienso si realmente queda algo de aquello, me lo pregunto, o me lo preguntaba más bien. Hace algunos meses, aunque era algo arrastrado de estos últimos años, que el interés por el ajedrez volvió a crecer. Gracias por encima de todo al estar dando clases en dos colegios, el jugar algo más que la liga, el jugar con personas y no con máquinas, y mi equilibrado sistema de vida actual. 

Así son las cosas, y cada vez que voy a impartir docencia de ajedrez llevo una sesión preparada siguiendo principios pedagógicos constructivistas y no con la intención de que el ajedrez se convierta en un pasatiempo de una hora para los alumnos.

Debo cerrar el artículo dando las gracias a mucha gente cuyo nombre no daré, y también, ahora y siempre, al noble juego... del ajedrez. 

 

2 comentarios

Helena -

de nada pochi, ha sido un placer

toncholeto -

Tu capacidad prosistica me deja asombrado cada vez mas. tenemos que realizar un proyecto en comun, querido hermano.