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Tercer día: de Niza a Livorno

Niza. Estaba claro que por el día nos apareció una ciudad diferente. Después de pagar el hotel, tomamos el coche y marchamos hacia la costa.

La calles ya no eran tan oscuras, y es más, pudimos ver que nos encontrábamos en una zona de compras, vamos, que no estábamos en el inframundo. No hicimos gran cosa, todo hay que decirlo, paseamos por un mercado cerca de la costa, rodeados de flores, jabones de Marsella, y fruta. En ese mismo lugar desayunamos. Después de ese paseillo fuimos hasta el paseo, y observamos la Costa Azul de cerca por primera vez. Mucho mar y mucha playa. No quedaba duda de que Niza era una gran ciudad, pero pensamos que era mejor partir para cumplir los objetivos del día. Tomamos el coche y nos dirigimos, por carretera, a Mónaco.

No valía la pena coger la autopista por la cercanía del principado, y además así podríamos ir dejando a la derecha el azul Mediterráneo. La ruta no defraudó, mucha montaña y acantilado, y casas de ricos a los bordes de los mismos. El paisaje... muy bonito. Pero claro, la carretera tiene sus pegas, y así papamos un largo atasco, que nos demoró bastante.

Mónaco es un pequeño trozo de tierra, nada más. En el mismo hay un montón de hoteles, edificios, muchísimas montañas, y por supuesto, mucho lujo. Nada más aparcar el coche, pasamos por dos concesionarios, uno de Lamborghini y otro de Bentley. Nos sacamos la típica foto de paleto a lo Paco Martínez Soria, y seguimos, con un destino claro.

No tiene nada, es lo que es, sin más, sin embargo allí estábamos los dos, mirando para el mismo que se encontraba en obras. Una foto, otra así, ahora de este modo... y se acabó. Pero aunque para algunos sería una tontería, a nosotros nos hizo ilusión ir a ver nada más y nada menos que un..... un túnel. Lo mismo ocurrió con la curva Grand Hotel. También dedicamos tiempo a ver el casino, eso sí, por fuera. Para finalizar  nuestra aventura en el principado, hicimos el circuito en coche, o por lo menos, lo que pudimos. Desde el casino, hasta pasar el túnel, cumplimos casi con total exactitud el circuito de fórmula 1. No pudimos adelantar a ninguno de los ferrari que pasaban por allí, algunos se alquilaban para que pudiéses dar una vuelta tú mismo. Es una atracción turística, diferente, pero lo es.

Tomamos la autopista, y fuimos directamente a pasado Livorno, a nuestro camping, nuestro campamento, nuestro nuevo hogar, desde donde dirigiríamos nuestras escaramuzas por territorio toscano.

El viaje transcurrió con normalidad, muchas curvas en la frontera franco - itálica, pero sólo eso. Comimos en Ventimiglia, pero no pude encontrar a mi admirado Corsario Negro.

Desde la autopista ya pudimos ver la ciudad de Pisa, donde la torre destacaba por su altura y su... curvatura.

Llegamos al camping, y debo describir de alguna manera el modus operandi para acceder. Saliendo de la SS1 dirección Antignano (que no Roma), después había que repetir dirección Antignano por la vía del litorale, en dirección a Antignano nuestro camping no estaba. Dimos vuelta y probamos en la otra dirección. Llegamos al mismo punto desde donde nos incorporamos. Lo pensamos bien, dimos vuelta, y ante la ausencia de nuevo del camping, volvimos al punto de entrada a la via del litorale. Decidimos seguir un poco más, y finalmente, allí estaba el camping. Esto parece una tontería, pero tendrá vital transcendencia en futuras actualizaciones.

Qué decir del camping, una parcela muy maja, con sombrita chula, y vecinos diversos. Montamos nuestra super tienda y decidimos que desmontar y volver a montar podría ser una cagada. Dimos un paseillo por allí, vimos la playa (cutre playa), era en su totalidad de rocas y no cubría, a no ser que pasaras de muro rocoso de contención, con el riesgo a que el propio mar te empujase contra ellas.

Estábamos satisfechos, ese día cenamos a lo grande con unas sardinillas en lata, bonito, y demás manjares traídos de la península ibérica.

Sólo quedaba decidir qué haríamos al día siguiente.

 

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1 comentario

maria -

parece increíble pero es mucho más entretenido leerlo que oírtelo contar a ti, sin ofender, claro. Debe de ser que tienes dotes de escritor...
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